martes, 10 de enero de 2012

ACTUS MAGNO, los conejos también escriben

Se acerca un tiempo de conejos...
Silvio Rodríguez




Este libro que ahora sostienes en tus manos puede leerse de varios modos… puedes leerlo comenzando, como es costumbre, de principio a fin, o seleccionar al azar  y luego ir saltando, como conejo, de capítulo en capítulo; o leer sólo uno, o dos, o ninguno de dichos capítulos. El caso es que cualquiera que sea tu decisión estará bien…
Este libro puede ser una antología de cuentos, es decir, un conjunto de cuentos, o puede ser un rompecabezas, o una novela escrita a varias manos… o más.
Pero cuidado, porque este libro tiene un hechizo…
¿Crees en la magia? ¿Crees que es posible que un sapo sea en realidad un príncipe?, ¿o que un príncipe pueda convertirse en sapo? Yo no lo creía, hasta que sucedió algo… Algo que te quiero compartir: ¡La magia existe!,  tal vez no he visto nunca un sapo convertirse en príncipe, pero  sí que he visto personas de carne y hueso convertirse en conejos… de verdad. De eso se trata este libro, es un acto de magia, en un circo muy especial, las carpas son de papel…



Antecedentes

La historia comenzó un día de verano, en una librería. Un grupo de adultos, muy entusiasmados por el mundo de la literatura infantil y juvenil, se inscribieron en un taller de escritura, querían  escribir historias para jóvenes lectores.
En el grupo había  un alumno muy especial: Jaime. Todos los compañeros lo querían mucho, pero Jaime no deseaba en realidad ser escritor, era un gran lector y con eso le bastaba; se había inscrito al curso porque tenía que ver con libros, eso era todo. ¡Y cuánto disfrutaba Jaime las clases!, sus compañeros leían los cuentos que habían escrito, la maestra corregía algunos puntos, luego, todos juntos inventaban más historias. En todas las sesiones, a mitad de uno de los cuentos, Jaime sacaba varios paquetes de cacahuates… (¿debería haber llevado zanahorias?). El caso es que la maestra, después de algún tiempo, comenzó a preocuparse porque Jaime no escribía nada, ciertamente era puntual, estaba muy atento, participaba con buenos comentarios, y ¡jamás faltaron los cacahuates!, pero no escribía, y la maestra sentía que “debía” hacerlo escribir… Por ello utilizó todos los medios a su alcance: revisó estrategias, ejercicios, varias actividades, sugerencias de otros maestros, libros sobre el tema… nada dio resultado, Jaime no escribía ni una línea, (¡lo que él en realidad deseaba era ser espectador atento y entusiasta de lo que sus compañeros hacían!); y la maestra, como a veces sucede con las maestras, tardó un poco en comprender aquello...  
-Aquí hay varias ilustraciones, escojan una y escriban qué creen que sucedió antes y qué sucederá después… ¡Tienen media hora para escribir!
Todos eligieron, incluido Jaime, una de las ilustraciones. Eran imágenes impactantes, imposible no despertar a “la loca de la casa”, la imaginación… Todos comenzaron a escribir apresuradamente, inspirados por la imagen elegida… todos, menos Jaime, quien sacó tranquilamente de su mochila varias bolsas de cacahuates y comenzó a repartirlas a sus compañeros con una de esas sonrisas cautivadoras que lo caracterizan.
Pero la maestra no se dio por vencida:
-Vamos, Jaime ¿cuál es tu ilustración?

Jaime mostró muy orgulloso una hoja con dos dibujos, al mismo tiempo le entregó a la maestra una bolsa con cacahuates. En la mitad de la hoja aparecían varios conejos a punto de saltar sobre un trampolín, y en la otra los mismos conejos desparramados por el suelo.
-Y ¿sobre qué tratará tu cuento…? Preguntó la maestra como si se dirigiera a un niño… (En realidad Jaime es experto en regularización de niños con dificultades para aprender; además, Jaime es mágico…).
-Sobre un entrenador y unos conejos, él logrará que realicen un gran acto de circo.
-Oh, ¡muy bien…!
Pero Jaime no trazó ninguna línea, la historia estaba en su cabeza y comenzaba a tomar forma…. 
De haber sabido que era un verdadero mago la maestra hubiera dejado de insistir… ¿O no…?
-Anda, Jaime, todos te ayudarán, mira, cada uno de tus compañeros puede ser un conejo, y cada uno escribirá una parte de la historia…
            ¡Qué insistente y terca se había vuelto la maestra! Tanto, que la tarea, para todos, fue traer, cada uno, un cuento que tratara sobre un conejo en un circo. Cada cuento debía ser  integrado al cuento de Jaime, (en el que aún no había ni una sola letra).
A pesar de lo descabellado de esta idea, ¡la siguiente clase llegó el primer conejo! Todos quedaron tan asombrados como si hubiese salido de un sombrero… ¡era una historia genial!, llena de humor, aventura; hubo carcajadas, sorpresa, admiración.
La siguiente semana llegaron tres conejos… luego otro… y otro más.
Y así, uno a uno, como los conejos de Cortázar, tomaron el salón de clase. Se habían reproducido “como conejos”.
Pasado un mes, Jaime dejó de asistir, se había inscrito a otro curso... (¡de Cábala!, les  dije que era mago…), y sin embargo había escrito su cuento (sin una sola palabra). Como hechicero, convirtió a sus compañeros en conejos; luego, siguió su camino… dejó a la maestra trasformada en entrenador, y logró que todos realizaran el gran acto circense de sus sueños: escribir un libro.





Actus Magno, los conejos también escriben:

Coordinación de proyecto Yolanda Ramírez Michel
Ilustraciones Casús Olivas

Ciso, Angélica Cota
Los tres Conerregos, Nicté García Y.
Cucho, Patricia Sanmigue
Impromptu, Luisa Amelia Bañuelos
Conejo Escritor, Javier Rizzo
Ofelia, coneja de Dinamarca, Ceci Magaña
El conejo del pasto verde, Casús Olivas 
Elemer, Martha Elena Aviña
Señas, Arturo Gómez
Mardor, Fabiola Magaña
Odilón y Margarita, Sandra Paz
Toto, Paulina Álvarez
Mordekai, Lourdes Carmona
Kunelaki, Magdalena Dueñas
Conejo ingeniero, Angélica Cota





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