jueves, 19 de enero de 2012

Y, de pronto, di el conejazo (experiencias de Angélica Cota, autora del primer cuento: Ciso)

Los conejos me persiguen. No como una horda despiadada o todo el tiempo, pero son una constante de mi vida. Posiblemente para no asustarme (con su timidez extrema, ellos sabrían sobre eso). Sin embargo, ahí han estado, asomando de vez en cuando la nariz sobre mi hombro en forma de un conejo de carne y hueso...

Esquina inferior derecha


O uno de juguete.

No es el peluche del que hablo después,
pero sirve para ilustrar mi punto


Un poco más adelante en el tiempo, mi hermano, cuya identidad permanecerá en secreto, pero a quien llamaré Hermenegildo, me ayudaba a crear mundos e historias con un grupo de animales de peluche. De entre estos, sobresalían par de pequeños conejos, uno el ayudante de la otra, una coneja científica malvada. (Si alguien pregunta, es mera coincidencia.) Tal vez algún día me anime a escribir lo que recuerdo de esas aventuras. Sería divertido... y una de las razones por las que Hermenegildo seguiría siendo conocido como Hermenegildo en el resto de mis crónicas.

Los años pasaron y de pronto surge la iniciativa de escribir cuentos de conejos circenses en el taller de Viaje a la Semilla. La maestra Yolanda nos pidió que lleváramos algo la siguiente sesión. Yo dejé a mi subconsciente trabajar por mí y el día anterior de la entrega de la tarea, alrededor de las seis de la tarde, tomé pluma y papel y comencé a escribir. Porque yo todavía algunas cosas las escribo a la manera tradicional, al menos el primer borrador. Siento que las palabras fluyen más fácil. Ya después lo paso a computadora. Tras la transcripción, puede quedar casi igual o terminar irreconocible, depende de muchos factores. Pero divago.

Llevé mi pequeño cuento al taller y les gustó, así que se quedó. Y se quedó como estaba, básicamente. La versión publicada tiene sólo cambios mínimos.

Ciso comparte algunos rasgos básicos de personalidad con Fufo, el peluche con el que jugábamos, pero exagerados para quedar a tono con el tipo de historia. Fufo tenía su lado vanidoso, ciertamente, pero también era asistente en un laboratorio del mal, así que también tenía su buena parte de conocimientos científicos. Ciso se rehusaría a entrar a uno de esos porque las sustancias químicas podrían afectar su pelaje. Quizá si le ofrecieran una sesión de fotografías a publicarse en una revista famosa...

Bueno, esa es más o menos la historia, aunque no es todo lo que tengo que decir. Pero lo dejamos para otro día.


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